6 de febrero de 2010

Números de la Ría



A principios de enero (ya hace, ya...pero...) durante los días que pasé en Vicedo, bajé casi todos los días al puerto como habréis visto por las entradas anteriores del blog. Casi siempre bajaba a media mañana, acompañado de mis hijos. Martín..con una pelotita o algo que tirar de un sitio a otro y Marina, haciendo sus primeros pinitos con los prismáticos. Buscando aquello que decía ver. Investigando. Bien. Aunque "pajareros" no me salgan, y es que además los componentes de ese grupo somos pelín raros, si está bien que sepan que hay por ahí y sobre todo que lo respeten y aprecien.

Bueno. Pues como decía, resultante de esas bajadas mañaneras, joder que frío que hacía allí en medio, apunte los números que os indico a continuación.

3 de enero de 2010

2 alcas, 3 negrones (en todos los casos hembras), 3 zarapitos trinadores (esos preciosos bichos llamados en galego, Mazaricos). 2 gaviones atlánticos, más de 10 cormoranes grandes (los reyes de la Ría) y 1 charrán patinegro. Recuerdo que sobre este, anduve hablando con Cariñés, preguntándole si era normal verlos por allí en estas épocas. Yo no recordaba haberlo hecho nunca y ... Parece ser que sí, que algunos hibernan en la Ría vicedana. No me extraña, que en Vicedo se está muy bien.

4 de enero de 2010

Este día también apunté lo que había en la playa. Y había, unas 150 gaviotas patiamarillas, 12 gaviotas reidoras, 1 charrán patinegro (el charrán patinegro), 4 negrones (hembras como el día anterior), 2 zampullines cuellinegros (yo diría que cada año hay menos), 1 garceta común, cormoranes grandes y 2 andarrios chicos.


5 de enero de 2010

Este día apuntaba Marina en la libreta. Mola ver su letra reflejando lo que yo veía y que muchas veces le enseñaba. Y esto fue: 2 zampullines cuellinegros, 6 negrones comunes (para variar....), 13 cormoranes grandes y abundantes gaviotas patiamarillas, sombrías y reidoras.



Estos números pueden no parecer mucha cosa o incluso menos. Pero no es así para Marina y para mí (Martín sigue botando la pelotita...). Es alucinante los gritillos de alegría y expresión alborozada que pueden generar, ver cualquiera de estas aves bien vistas, con los prismáticos o aún mejor con el telescopio. Nadie permanece impasible. Eso está muy bien.

Y si. Ya se que no habéis visto ningún págalo entre los números. Aunque no los estoy viendo, porque generalmente tan dentro no entran, mientras cuento y apunto a los otros, sueño con ellos. Me da para todo. ¡¡¡Qué felicidad!!!

1 de febrero de 2010

Desde el muelle de O Vicedo

Desde el muelle de O Vicedo todo lo que se ve y se siente es bonito. Todo. Desde la punta del muelle, desde el espigón, es mucho lo que se ve. Antes no se veía tanto porque donde está ahora ese espigón, donde está ese punto era mar. Estaba el agua. Era dominio de los peces, de los pulpos, de los crustáceos. Era casi el medio de la Ría.

Desde la punta del muelle se ve la Coruña. La provincia, claro. Desde la punta del muelle se ve el bravo Atlántico. También las montañas del interior de Lugo. La luna reflejada y el brillo del sol.

Allí, pegado a uno de los pequeños faros automáticos de la bocana del puerto, cuando llega el invierno, el frío te penetra hasta bien dentro de tí. Las ráfagas de viento cortan la cara y las manos. Y las convierten en algo insensible. O demasiado sensible.



Desde la punta del muelle, me veo cuando era un niño. Cuando jugábamos a tirarnos al agua en la zona de las escaleras. ¡¡Cuánto gozábamos en el viejo puerto!!. ¡¡Cuanto tiempo disfrutando allí!!. Era más bonito, más autentico, aunque probablemente menos práctico, menos funcional. Pero....

Sentado junto a las viejas redes cansadas de atrapar peces o aburridas de no hacerlo desde hace tiempo, miro el mar. No me canso de hacerlo. Huele a mar, a salitre, a algas podridas y restos de animales abandonados y en descomposición. A vida después de todo.

Y se ven aves. Aves que no necesitan palabras para decirme lo que sienten. Ni para expresar nada mientras miran a La Coruña, al poderoso Atlántico,los montes del interior de Lugo, la luna reflejada o el brillo del sol. Sus emociones. Yo tampoco necesito las palabras con ellas. Bastan las miradas.



Seguro que en la punta del muelle de O Vicedo alguna vez ha habido un págalo. Yo no lo he visto pero seguro que si. Por si acaso, yo siempre que bajo y lo hago bastante para ver las aves de la Ría, para ver las laderas verdes de la Coruña, el mar y las montañas, la luna y el sol, llevo los ojos bien abiertos y la ilusión lista.

28 de enero de 2010

Pobres pajarillos

No siempre uno fue bueno con los pájaros y los quiso tanto como ahora. En otros tiempos, cuando en muchos casos no importaba nada, cuando la niñez podía con todo (y eso no quiere decir que siempre ese poder con todo fuera malo, pero....) uno tiene lagunas y malas actuaciones con las aves. Y se reconoce. No exactamente con vergüenza pero sin con cierto arrepentimiento.

Recuerdo una vez que no se de donde sacamos unos pichones. Fue una aventura con Javi "el cacho" tristemente desaparecido ya hace muchos años. No sé de donde los sacó pero si que no los podía tener en casa. Le ofrecí subirlos a un desván que había en Casa Vilasuso en Vicedo, que era donde vivíamos y allí los dejamos. Éramos niños (muy niños) y aunque nos propusimos alimentarlos, nuestra cabeza iba de un lado a otro con una rapidez tremebunda. Y les olvidamos. Cuando nos acordamos de ellos y fuimos a verlos, los pobrecillos estaban muertos. Lo recuerdo con pena aunque en aquellos momentos solo me impresionó el olor que había.

También aquellas historias que ya relaté en el blog respecto a las tortilladas que se hacían en Vicedo después de recoger todo tipo de huevos de los nidos que regularmente se vigilaban. No había ninguna conciencia del daño que hacíamos y allí era como una costumbre muy arraigada. También recuerdo oír hablar de los "panterlos" que eran una especie de liga con la que se atrapaban pajarillos.

Hubo una época en la que a mi hermano Felipe le dio por la caza con la escopeta de balines. Y se le daba muy bien al mamón. Ahora no recuerdo que tipo de pájaros abatía y me consta que pajarillos había. Yo como muchos hermanos pequeños, intentaba seguir "ese ejemplo" y me lanzaba, bien con él (al principio) bien en solitario por los campos de Vicedo con las peores intenciones. Gracias a lo que sea, también era peor que peor mi puntería. Pocas veces salí a aquellas cacerías pero creo que puedo presumir de haber ido a cazar y no haber matado nada. ¡¡¡Por fin una alegría!!!

Aquí se acaban mis fechorías con nuestras queridas aladas. No sirve escudarse en que uno era muy niño, muy joven. Pero bueno, aprendí y aquellas "malas" actuaciones se tornaron amor por las aves.

Sé, porque me lo han dicho, que los págalos me han perdonado. Yo a ellos, les perdonaría todo.

24 de enero de 2010

Garrapinos

Bajé a fumarme un cigarrito en unos de los descansos que uno se busca en el trabajo para dar rienda suelta a este funesto vicio (lo voy a dejar, lo voy a dejar, mira que me gusta, pero lo voy a dejar...) y me llamó la atención aquel pequeño pajarillo. Siempre que bajo al pequeño jardín que hay en Garrigues, estoy atento. A los pajaritos que se mueven entre los árboles, a las grullas cruzando el cielo de Madrid, a las gaviotas en su viaje a los vertederos a alimentarse o de vuelta a los embalses para pasar la noche.

Ya desde lejos me pareció que era pequeñito para lo que suelo ver por allí (lavanderas blancas, petirrojos, algún carbonero común, collirrojo tizón...). Me acerqué muy despacito ante las miradas estupefactas de los otros "Garrigueros" que allí estaban también dándole al vicio y en unos pequeños arbustos, andaba de aquí para allá. En un principio me pareció que era un carbonero aunque por el tamaño y todavía con distancia dudé con Herrerillo. Seguí acercándome poco a poco hasta que ya solo estaba a unos metros. Se dejó ver a placer y en primer lugar noté el plumaje más "decolorído", con colores más pálidos que los del común. A continuación le vi la mancha blanca en el cogote y salí de dudas. Allí delante tenía un precioso carbonero garrapinos (joder, mira que son bonitos los nombres de los pájaros. Ya un día escribí sobre ello, pero molan mogollón).

Nos miramos y aproveché para preguntarle que hacía él por aquí. Me parecía raro. Me dijo que se había enterado de que eso era un despacho de abogados y que venía buscando defensa para los bosques de la sierra madrileña. Que la estaban destrozando. Que seguían construyendo urbanizaciones, carreteras... Que cada vez había más remontes para practicar el esquí y menos árboles para ellos

.

Le dije que sí. Que aquello era un despacho de abogados pero que allí no iba a encontrar mucha defensa. En todo caso la que yo le pudiera ofrecer. Y eso, más que ayuda era comprensión y total alineamiento con sus protestas. Poca cosa. Me miró como con pena. Esperaba más. Pobrecito.

En el último momento le grité que me gustaría volver a verle. Paró un instante en la rama de un limonero que hay allí y se marchó sin contestarme. Yo le entiendo.

Menos mal que los págalos no necesitan árboles. Aunque aquellas otras cosas que necesitan también nos las estamos cargando. Pobres págalos también.

(Fotografía de carbonero garrapinos de www.afblum.be)

19 de enero de 2010

Yo te quiero

La encontré en el muelle de Vicedo en una de mis muchas visitas a echar una ojeada a la Ría. Me encaminaba hacía la bocana del puerto buscando el mejor sitio para hacer un recuento de las aves que había por la zona y nada más pasar los pantalanes donde amarran los barcos y allí estaba. Sobre la piedra del puerto. Tan tranquila.....Hasta que llegué yo.



Desde que me vio me miraba con recelo. Pero aun así no se movía de su sitio. ¿Porqué iba a hacerlo si ella había llegado antes?. No estaba dispuesta. Por mi parte, al principio no me había fijado en ella y cuando lo hice por primera vez, pensé en cuanto tardaría en levantar el vuelo buscando un sitio tranquilo. Me acerqué a ella y le pregunté que qué hacía. Me miró con desdén y se dio media vuelta dándome la espalda. Volví a intentarlo y se alejó unos pasos. Sin respuesta.

Yo tampoco estaba dispuesto a darme por vencido sin recibir al menos alguna respuesta. Total, tampoco le pedía tanto. La volví a mirar, ya muy cerca de ella y le dije que si me dejaba fotografiarla. Que hablaría de ella en mi blog. De nuevo comenzó a moverse y a alejarse de mí. Por un momento se detuvo y me preguntó: "Y...¿qué es un blog?". "Un sitio donde escribes de lo que quieres para quien quiera". "Y...¿qué pinto yo en tu blog?". "Es que es de pájaros, de aves. Y casi siempre son aves marinas". "Ya...... Bueno, me voy, que no me fío de ti..".



"No, no te vayas. Por favor, espera....." le dije pero no hizo caso. La verdad es que la entiendo. Yo creo y pienso que ella percibía lo mismo, que allí donde viven, en el puerto de O Vicedo, no las quieren. Están allí como una piedra más, como un papel en el suelo o como una boya entre las barcas.

"Yo te quiero gaviota" le dije esperando quizás alguna otra reacción. Simplemente se volvió hacia mí y cuando parecía que me iba a decir algo más, levantó el vuelo y la vi marcharse hacia la playa de Vicedo. Por un rato la estuve observando con el telescopio, desde lejos, sin que ella lo supiera. Pero yo para ella ya no existía.



Unos días después en Estaca vi pasar un págalo parásito muy, muy cerca y pensé que me gustaría hablar con él unos instantes como con la gaviota. Pero al momento pensé que me sobraba con verle. Y como a la gaviota, también le quise. Y le sigo queriendo.

15 de enero de 2010

Es de noche

Sí, la noche ha llegado a Mañón. Allí cerca del puente de Ribeiras do Sor el viento mueve los eucaliptales cercanos y el rumor del río hace que a pesar de estar en esa zona rodeado de casas te parezca que estás en un mundo de sonidos de la naturaleza, lejano. En otro mundo. Y allí, en lo alto observándolo todo está la luna. Una hermosa luna llena.

Dos figuras acaban de bajarse de un coche. Hablan algo entre sí y agudizan sus oídos. Andan un poco, de aquí para allá. Se separan y se vuelven a juntar. Vuelven a hablar y callan de nuevo. Uno de ellos, pone las manos frente a su cara, junto a su boca y emite un sonido. Algo parecido a "uuuuuuuu", "uuuuuuuuu". Callan de nuevo. Se giran. Cada uno vuelve a dar unos pasos por sus alrededores. Se miran y deciden partir.

Sigue siendo de noche. El viento sigue moviendo las copas de los árboles y las aguas del río bajan, como furiosas. Y la luna sigue allí arriba. Todavía más bonita.

Dentro del eucaliptal y en mitad de ningún sitio o de todos los sitios, aquellas dos figuras vuelven a bajar del coche. Esta vez no hay casas. Solo árboles y entre ellos se puede atisbar el valle cercano, por el que baja el Sor de las montañas. Se repite la escena. Vuelve a sonar el intento de ulular, "uuuuuuuuu", "uuuuuuuu". Y no se oye más. No se oye nada. Bueno, si. Crepitan los eucaliptos, el viento se introduce por entre todos ellos y los menea de aquí para allá. Suenan ellos y suena él. Los eucaliptos y el viento. Las dos figuras se comentan algo. Sonríen y vuelven a marcharse. Se estaba bien allí, en mitad de ningún sitio o en mitad de todos los sitios. Luna llena. Luna de lobos.

Unos kilómetros más arriba, más hacia el monte, hacia los adentros de Galicia. Junto a un caserío una nueva parada. "uuuuuuu", "uuuuuu". De nuevo el gesto. De nuevo el sonido. Parece que hace más viento pero el sonido es menor. Hay menos árboles. La luna sigue allí. Brillando. Nada más. Los dos individuos se miran y se sonríen. Cruzan unas palabras. Después miran serios hacia ningún sitio. Y vuelven a sonreír.
Deciden marcharse.



Cárabos (foto de spload.wikimedia.org)

Ya no se oye el coche en el que vinieron. En medio del eucaliptal, dos cárabos se miran con los ojos muy abiertos. "¿Qué harían esos dos humanos?, le pregunta el uno al otro. "Ni idea. Son muy raros los humanos". "Parecían llamarnos junto al río. Lo intentaban en el eucaliptal de las montañas y también en el caserío". "Parecían como preguntarnos algo, como si quisieran hablar con nosotros". "Pero....¿de verdad nosotros hacemos "uuuuuuuuu" como ellos hacían "uuuuuuuuu"?. "No se... yo creo que bueno....algo se parecía..pero mejor no contestar". "Yo la verdad, es que la primera vez, he estado tentado de contestar. Me recordaba al canto de una chica que conocí hace unos años". "Bueno, al menos eso nos han traído. Recuerdos y entretenimiento. Malos no parecían y con los humanos, hay que tener cuidado".

Allí quedaron los carabos hablando y en Vicedo se despidieron los humanos, entre abrazos y sonrisas. Charlando. Allí también hacia viento, se mecían los árboles y en lugar del río se oían las olas del mar. Y la luna seguía mirando.

Unos días después, en Estaca, un págalo me dijo que el "uuuuuuuuu" no es exactamente así y sí con unas cuantas "us" menos. Yo le hago caso. Al págalo le hago caso. Al págalo y a Damián. A los dos.



Con Damián, momentos antes de partir a ver que pasaba

Este relato es para y por las rapaces nocturnas y para y por Cosme Damián Romai Cousido. Gracias a Damián he tenido la oportunidad de por primera vez, participar en unas estaciones de escucha de rapaces nocturnas. De escucharle un par de veces imitar el "ulular" de los cárabos y gracias a esas imitaciones, saber que allí, detrás de mi casa de O Vicedo, sin duda, hay cárabos. Esa noche no oímos ninguno, ni lechuzas, ni..... Pero nos oímos el uno al otro. Oímos al viento, a los eucaliptos e incluso a la luna. Lastima que no escucháramos la conversación de aquel par de cárabos.

11 de enero de 2010

Por la Mariña lucense con uno de Cariño

Al contrario que en otras ocasiones, el pasado 2 de enero, que fue el día de nuestra llegada a Vicedo, en lugar de irnos directamente a Estaca, "Cariñes" se ofreció a darme una "tourne" por la zona de la Mariña Lucense más cercana. Como como no podía ser de otro modo, yo, como buen "Madriñés" acepté encantado y tras una buena comida en el restaurante "Os Cruces" en Vicedo nos pusimos en marcha.

En primer lugar, bajamos al puerto de O Vicedo. Desde él estuvimos observando, lo que a grandes rasgos sería lo habitual en casi todos los puestos de avistamiento. Algunos negrones, alguna alca, cormoranes grandes, zampullines cuellinegros, etc... En busca del colimbo, pero no se presentó. Sobre los días "apalancado" en el puerto del primer pueblo lucense viniendo desde Coruña, ya os contaré en otro momento.



Ría de Vicedo

De allí nos fuimos a la playa de Covas en la Ría de Viveiro. Más de lo mismo. Pero siempre interesante realizar la parada. Reconozco que había estado en esta playa las últimas ocasiones (en el mundo pre-pájaro) muchas veces pero haciendo las cosas más rocambolescas. Otros tiempos. Pero vimos unos preciosos chorlitos grises, muy, pero que muy bonitos.

De allí, me llevó a las lagunas de Lago (valga la redundancia, pero es así. Lago, cerca de Xove). Mis primeros recuerdos de esta zona, tienen que ver con el Xove-Lago, equipo de ambas localidades que seguí mientras anduvo por categorías nacionales. En fin...volvamos a los pájaros. Nunca había estado por esa zona y es muy interesante. Se trata de unas lagunas junto a una piscifactoría que según me contó Ricardo, los tejados de la misma albergaban miles de gaviotas que daban para estar horas y horas buscando, contando anillas, buscando ejemplares norteños... Pero eso era antes. Parece que ahora (y así lo constatamos) no hay casi gaviotas. Mal asunto. No creo que se hayan ido porque han querido. Me temo que las habrán "acompañado"..... y seguro que con algún tipo de violencia. Como a los pobres cormoranes asturianos. Deben de andar casi todos por aquí, porque la verdad es que había muchos. En la laguna, bastante cerca, conseguí mi primera observación de cerceta aliazul. Bonita ave. Si señor. Me habría gustado que se hubiera dejado ver algo más...pero...no nos vamos a quejar.

Toda esta última zona mariñana (laguna y playa de Lago y San Ciprián) acompañados de la Lumina (la famosa fábrica de aluminio pero no se como coño se escribe). Impresiona verla ahí al lado. Junto al mar. En fin.

De allí nos fuimos a San Ciprián. Paramos allí donde está la unión del istmo con el mar a ambos lados y saqué esta fotillo de las reidoras. Con mi cutre-cámara y mi cutre-estilo.... No esperéis mucho.



No había vuelto a San Ciprián desde hacía unos 40 años aproximadamente. Esa vez, siendo un niño (niño) fui con mis padres. Recuerdo que fuimos a una factoría ballenera (Morás) y cuando hablamos de ello "Cariñés" y yo, me dijo que tanto San Ciprián con Bares, eran pueblos balleneros. Tremenda época debió ser aquella.

Terminamos en el faro de esta localidad. Desde allí se veía el rompeolas que vereis a continuación. Sobre él, había unos 30 ostreros, 20 cormoranes grandes, 9 gaviones atlánticos, gaviotas patiamarillas, sombrías y reidoras. Una maravilla.



Enfrente, en los islotes cercanos llamados....ahora no recuerdo si "farallons" o algo así (perdón, perdón, perdón...) montones de cormoranes, cientos de gaviotas, limícolas y un halcón peregrino observándolo todo, cambiando de posición en el islote más alto. Muy atento diría yo.



Como os habréis imaginado, el de Cariño que ha sido mi guía no podía ser otro que el famoso "Cariñés", D. Ricardo Hevia Barcón. Gracias Ricardo. Volveré por la zona.

No os creáis, no. No nos fuimos sin ver un págalo. Desde la punta del faro y mientras Ricardo contaba un cuarto para hacernos una idea de los alcatraces que pasaban, pasó un págalo grande. Bien. Siempre págalos.