18 de junio de 2009

Todo negro

En un primer momento, antes de sobre volarlo y cuando lo veía desde lejos, pensé que sería uno de esos pesqueros que arrojan pescado por la borda. No entiendo muy bien porqué lo hacen, ya que si acaban de sacarlo del mar con sus redes, no le veo el sentido a que después lo tiren. Pero, es comida. Y nosotros necesitamos alimentarnos. Cada vez está la cosa peor y hay menos cosas que comer. Muy mal. La cosa está muy mal. Y estos humanos no ayudan nada.

Cuando estaba sobre él, vi que de comida nada. Simplemente estaba parado en mitad de ningún sitio y aparentemente sin hacer nada. Quieto. Como muerto. Lo sobre volé un par de veces y cuando vi que allí no había nada que hacer, me marché. Tenía mucha hambre, como todas las demás, como esos alcatraces, como las pardelas de allí, como las gaviotas que había dejado atrás.
A lo lejos vi unas islas y pensé que lo mismo conseguía algo. Divagué por aquellas costas sin conseguir nada. Y me marché como había llegado. Cuando me disponía a dirigirme hacia el norte, vi que algo extraño ocurría junto a aquel barco. Seguía sin moverse. Pero algo raro ocurría.

Cuando me acerqué de nuevo pude verlo bien. Toda la superficie del mar estaba negra. Hasta donde llegaba mi vista. la superficie marina había perdido su verde, su azul. Todo negro y algunas aves, que se habían apoyado sobre él, tenían su plumaje totalmente negro y no podían levantar el vuelo. Otras ya estaban muertas.

Fue todo muy triste. El barco partió. Se marcho de allí y todo lo que dejó fue desolación. Y no estaba roto, no. Simplemente había abierto unas compuertas y había vaciado sus negras entrañas sobre el mar. Lo que los humanos llaman un "sentinazo". Cuando nadie les veía, en mitad de ningún sitio, todo fuera. ¿A quién le importaba?.
Me invadió una gran sensación de tristeza. No acababa de comprender porque se hacían estas cosas. Partí y deseé no volver a encontrarme nunca más un barco como aquel. En realidad deseaba no ver ningún barco, fuera como fuera. Nunca más.

1 comentario:

  1. De pequeño, siempre teníamos que limpiarnos los pies de chapapote después de bañarnos en San Román. Entonces debía de haber sentonazos a cada rato. Lo increíble es que todavía los haya, que no se vigile lo suficiente a esos destructores de la fauna marina.

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